sábado, 16 de febrero de 2008
Los laterales condenan al Madrid
Si el Real Madrid pretende hacer algo grande este año en Europa, ya puede ir recuperando gente lesionada para la defensa, porque de lo contrario sufrirá lo indecible. A día de hoy, Marcelo no vale para este equipo por falta de madurez, y Salgado por exceso de ella, casi tirando a vejez prematura. Ambos jugadores se comieron todos los balones que pasaban por allí, entre ellos los dos goles y la derrota de su equipo. Los equipos rivales lo saben, por lo que veremos que sucede el martes en el Olímpico de Roma.
El conjunto de Schuster se plantaba en el campo con las bajas importantes de Robinho y Sneijder, más el descanso a Ruud Van Nistelrooy para el encuentro de Champions. Eso, unido a las ausencias de Pepe y Heinze atrás, podían dar la sensación de un Madrid debilitado, pero nada más lejos de la realidad. Los merengues comenzaban el partido imponiendo el ritmo, marcando el tempo del esférico, tocando y llegando con soltura, con un Gutiérrez dirigiendo la orquesta un día más. A los 5 minutos, un buen pase de Gago, que cada día crece más en el conjunto, habilitaba la carrera de Robben, que servía un gran pase tras la salida de Ricardo para que Drenthe culminase la jugada. 0-1. El Ruiz de Lopera presagiaba un bañito similar al del Valladolid y comenzaban los pitos a su equipo. El Madrid continuaba manejando el partido y las llegadas se sucedían, todas ellas con grandes pases del 14, y con grandes fallos defensivos de los verdiblancos.
Pero, cuando pintaban bastos para el conjunto bético, pasada la media hora, aparecía la figura y la calidad de Edu. En dos fogonazos del brasileño, cabeceaba un centro desde la derecha ante la pasividad de Marcelo, y en el segunto tanto le bailaba el agua a Salgado (que todavía anda buscando la cintura) y le ponía un gran balón a Mark González, que le volvía a comer la tostada al lateral brasileño y marcaba el segundo. El estadio se venía abajo. El Betis se veía por delante del líder, 2-1, sin comerlo ni beberlo. Schuster no daba crédito a lo que sucedía y comentaba al descanso: "No me puedo creer que vayamos perdiendo este partido".
En la segunda parte, el Real Madrid tomaba el partido por completo y lo intentaba con el séptimo de caballería. Entraban Van Nistelrooy, Higuain y Balboa, pero el partido y la prima de Lopera ya no se les iba a escapar a los hombres de Chaparro. Cerrados muy bien atrás, y con la salida de un perro de presa como Juande, ahogaban al único jugador con capacidad para dar juego y goles, es decir, el 14 blanco. El Madrid moría en las cercanías del área o dentro de ella, con buenas ocasiones como el palo de Ruud, pero pecaba de ingenio para abrir la lata.
En definitiva, el Betis se llevaba un partido muy trabajado pero que no se mereció ganar. El Real Madrid pierde su segundo partido consecutivo lejos del Bernabéu y le facilita mucho las cosas al Barcelona. Vuelve a haber Liga, aunque veremos en que queda lo de La Romareda...
miércoles, 13 de febrero de 2008
El Madrid golea de la mano de Guti y Raúl
El Real Madrid propina una goleada histórica al Valladolid. Los de Pucela pagaron cara su valentía. Raúl y Guti se reivindican a Luís para la selección. Y un individuo lo predijo todo en la grada.
El augurio
Era el asiento número 5 de una fila 10 del lateral situado tras los banquillos del Santiago Bernabéu. Un hombre de aspecto campechano, lucía un chándal color azul oscuro, pese a que su perfil, y la curvatura de su estómago, no delataba a un hombre especialmente dado a practicar deporte. Mascaba chicle y miraba de un lado a otro del estadio con la mirada perdida, fruto de la excitación previa al inicio del partido. Por aquel entonces, el sorteo del saque inicial se gestaba en el césped y el Valladolid decidía cambiar el campo al Madrid. Este genuino individuo, ante la osadía que supone querer quitarle el sofá al dueño de la casa y quedarse con el mando de la tele, clavaba su mirada en el técnico del Valladolid: "¡Mendilíbar!, ¡os van a caer siete como a Las Palmas!, ¡acuérdate!". Semejante acotación histórica pudo sonar a chiste en un principio a la grada blanca que aguardaba a su lado el comienzo del partido, pero nadie esbozó ni una leve sonrisa. No era una simple cábala de un loco que por ahí pasaba, y su augurio nadaba en un halo misterioso que profetizaba un final esperpéntico pero que nadie se atrevía a contradecir. La historia le avalaba: El técnico le cambió el campo hace ya seis años al Madrid antes de comenzar el partido y se acabó llevando siete tantos...
En lo meramente futbolístico, el Valladolid apostó por jugarse la paga con el Madrid, y la acabó perdiendo en ese fino umbral que separa la valentía del más absurdo de los suicidios. Se agradece que un equipo pequeño venga a jugarle al Madrid a su campo, y el fútbol debería dar recompensa a este tipo de actitudes, pero plantarle una defensa tan adelantada al Madrid es como tirar piedras a un panal de abejas y quejarse después porque te hayan picado. Entre Sisi, por banda derecha, y el sempiterno Víctor, lograron intimidar en algo al equipo merengue los primeros instantes, pero no eran más que los 5 minutos de rigor balompédico que descubren las carencias del más débil para dar paso a las virtudes del contrario. Y es que este Madrid es muy distinto al del año pasado, pero aún guarda lo mejor del libro Gordo de Capello y, además del sacrificio y el espíritu unificador de la plantilla, este equipo no se obsesiona con tener la pelota, lo que supone no venirte abajo aunque no tengas la propiedad intelectual del juego.
Una vez superada la fase de tanteo y tonteo con el rival de turno, el Madrid recogía el tren de aterrizaje e izaba el vuelo rumbo al área contraria. Gago ejercía de amigo de todos en el centro del campo enlazando la defensa con el medio, y hacía las labores de subordinación ofensiva ante la manija de Guti. Aún permanecía cierto aire rebelde en los pucelanos, cuando Robinho protagonizaba una arrancada fugaz por banda izquierda y mandaba un balón interior a Robben, de cuyas botas nacía el pase que dejaba solo a Baptista ante Asenjo, y remataba a bocajarro para iniciar la goleada. Era demasiado pronto para cantar victoria, pero también lo era para hacer el primero, y alguna mente calenturienta (léase el primer párrafo) ya cantaba la goleada. Si el Madrid ya ganaba a los ocho minutos, y esos fueron los mejores momentos del contrario, no pueden perderse el recital que a continuación paso a narrarles, y que erige a dos grandes protagonistas con reminiscencias epopéyicas encarnadas en la figura del guerrero Aquiles, que poseía el talento innato para pasar a la historia, pero era vilipendiado por su rey. Pasen, pasen y lean.
No voy a entretenerme en narrarles, uno por uno, cada gol de los blancos en esta goleada, que hacía tiempo que no veíamos en el Bernabéu, igual que no puede explicarse el sentimiento desatado por un reencuentro fortuito. Esta es una historia de virtudes, de talentos, donde no caben estadísticas ni números concretos. A Raúl aún no se le habían hecho las presentaciones pertinentes con la pelota del partido, pero cuando eso sucedió, dribló al portero rival y con la pierna derecha introdujo el balón en las mallas. No le hizo falta más. El capitán blanco sigue demostrando que vuelve a sus fueros, que superar la treintena no implica un desgaste físico mayor. Pero lo que es más evidente, que lo de Luís Aragonés con él, es caso aparte, y ya no se entiende que Raúl no vaya a la selección si no es por una mera cuestión personal del seleccionador. Pero el siete no es el caso más sangrante.
En ese mismo gol. Y en el anterior. En el siguiente y también en la jugada del penalti. El quinto fue suyo. También el sexto y, cómo no, en el séptimo y último tanto del partido también participó. En todos ellos Guti dejó su olor. Y no hablo de un simple y llano robo de balón, o un toque de lado a lado para dar continuidad al juego, no. Guti mandó de principio a fin, rozó lo impecable en cada acción. Y ya es una más. No solo hizo dos goles de bella factura, (uno de ellos solventando un mano a mano y el otro colando el balón por la escuadra impactando antes en el poste), sino que llevó la batuta del equipo de una forma soberana. Y si eso fuera lo mejor… pero el de Torrejón se inventó dos pases, uno en cada mitad, sencillamente suntuosos. Vale que su carácter rebelde le convierte en un animal potencialmente peligroso para un Mundial, me consta que no es un jugador carismático y que peca de irregularidad en algunas fases. Pero considerar que Guti no es uno de los 22 mejores jugadores de este país no es sólo una ofensa al propio jugador sino un serio agravio al fútbol.
Del resto del partido se pueden sacar algunas concusiones más. Que Soldado pudo jugar, probablemente, su último partido en Liga con el Madrid. Cosas de Schuster, quién sabe. Que Casillas se empeñó en dar un ligero toque de emoción con un fallo garrafal, hasta en esto es bueno, ya que elige partidos sentenciados para errar. Y, otra conclusión, que para que falle Casillas, primero han de pasar por Ramos, que no es quitarle un caramelo a un niño. Por mucho que Cannavaro sea balón de oro, capitán con la selección Italiana y campeón del Mundo. Aunque lo trajeran para ser el coronel de esta defensa madridista, lo cierto es que el Sevillano ha demostrado sobradamente que es capaz de aunar muchas más medallas en su solapa. Pero son cosas baladíes, retomen el párrafo anterior y piensen: ¿Qué tipo de selección queremos?
No va más
El partido acababa en el Bernabéu antes de tiempo. Y no es que al árbitro le visitara en el acto casi carnal, que es ver jugar a Guti, un espíritu piadoso con los de pucela y decidiera acabar antes de tiempo. El partido moría en la grada cuando, al caer el séptimo, el profético personaje de esta historia decidía levantarse de su asiento: “¡Mendilíbar!... ¡siete!, ¡te lo dije!, ¡siete!”. Y acto seguido se marchó… y con él, una cuarta parte de la gente que se sentaba cerca de él, y que el ambiente y la cercanía les permitía escuchar sus predicciones. No sé si viene de antes, o si tan solo fue una caprichosa casualidad que hizo noche en este peculiar personaje, pero lo cierto es que la gente dio por terminado el encuentro en cuanto él se levantó de su silla, y puso rumbo a casa ocho minutos antes. Hay quienes mandan en el campo, como el de Torrejón, y quienes lo hacen fuera de él. Esperemos que este segundo caso no corra en su vida la esquiva fortuna del que posee un talento incomprendido, y que durante toda su vida le ha tocado vivir al catorce madridista.