El Madrid se presentaba en el Bernabeu con un estado preocupante. Tres derrotas casi consecutivas parecían mostrar las carencias del todopoderoso líder. En cuanto a las bajas, una importante por cada línea: Pepe, Sneijder y Robinho. Y para colmo, el Barcelona le hacía una manita al colista de la Liga minutos antes del inicio y se situaba provisionalmente a dos puntos del liderato. Pero a pesar de todo esto, el partido era en el Bernabeu, y los blancos se veían con esa tranquilidad y esa calma de jugar en casa, con los zapatos quitados y la corbata desanudada. 11 victorias seguidas en casa no podían ser casualidad. El Getafe, por su parte, llegaba tras hacer historia en la UEFA y jugando sin Granero y De la Red por compromiso firmado con la entidad blanca. No pintaba muy allá para los de Laudrup.

El partido empezó como mandan los canones futbolísticos. El local dominando el juego e intentando abrir la lata del visitante, que se cierra bien atrás. Pero pronto se topaba el Madrid con un rival que no vestía de azul: el césped. La lluva caída en la capital durante todo el día de forma intermitente parecía afectar más al equipo blanco que a los azulones, y más en concreto a jugadres como Van Nistelrooy o Gago, que ejercían patinaje sobre el verde. Aún con esas, el Madrid encerraba al rival en su campo pero sin llegar a crear verdadera sensación de peligro. Guti sacaba el tiralíneas y dirigía las tropas hacia Abbondanzieri, pero faltaba algo. Baptista se mostraba espesísimo, pidiendo a gritos la suplencia de la que tanto esfuerzo le costó salir. El Getafe simplemente aguardaba atrás, con mucho orden, y saliendo en ocasiones con cierto peligro, pero nada más. Y Robben continuaba con sus acometidas por ambas bandas, generando por lo general más ruido que nueces. El caso es que nos plantábamos en el descanso del encuentro con Casillas y Abbondanzieri con los guantes sin estrenar. Una primera parte realmente aburrida.
En la segunda mitad, la historia no cambiaba en exceso. El conjunto madridista empujando hacia delante pero sin llegar a morder arriba, sin pegada, cosa que le suele sobrar. Schuster trataba de cambiar la inercia del choque dando entrada a Drenthe en lugar del amodorrado Baptista. Pero nada. Agua. Y a todo esto, en el minuto 20 llegaba la jugada de circo. El chiste que si te lo cuentan, no te lo crees: el Madrid marca por medio de Robben. Medio equipo se lanza apresuradamente a la banda para celebrarlo, mientras el juez de línea de esa misma banda levanta el banda señalando fuera de juego. Los jugadores, atónitos, contemplan desde ese mismo sitio como el Getafe saca rápido y monta el contragolpe. Se plantan cuatro jugadores azulones frente a Guti y Heinze en defensa. El resultado, evidente: gol. De Uche, para ser más preciso. El público no daba crédito. Y los jugadores menos aún. Gago se veía besando a Robben por el supuesto 1-0 cuando en 20 segundos la cosa se ponía 0-1. De locos.
Tras la jugada cómica (o tragicómica para los madridistas) de la jornada, el Bernabeu se encendía y se levantaba en armas en búsqueda de justicia. Vale que se pongan pesados en tu casa, pero que encima se rían en tu cara, eso tampoco es. Y por si fuese poco, el mariscal de campo y el único que a día de hoy le da sentido al juego del Madrid, Guti, sentía un pinchazo y se retiraba lesionado.

Al Madrid se le habían subido a las barbas y se encontraba sin timón, corriendo para delante y para detrás como pollos sin cabeza. El campo se les hacía larguísimo y comenzaban los síntomas de agotamiento. Mental y físico. Schuster metía toda la artillería en el terreno de juego, dando entrada a Higuaín y Soldado por el malogrado Guti y por Torres. Pero de poco iba a servir. El conjunto merengue lanzaba balones al área rival como quien tira chinitas a un muro. El Getafe aprovechaba para sacar el tarro de formol y meter el partido ahí dentro, para que durmiese profundamente.
Y el cuento finalizaba así. El Madrid se encuentra en un estado en el que le toses y pierde el partido. así de simple. Durante la temporada tuvo varios partidos que ganaba sin merecerlo, y ahora le toca justo lo contrario. Ahora es el Barca el que parece un gigante que da tres pasos por cada dos de los blancos. Y es que, sin lugar a dudas señores, el fútbol es un estado de ánimo.