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martes, 26 de febrero de 2008

Cara a Cara

Lo bueno se hace esperar, ya que más vale tarde que nunca y cualquier cosa es poco. Después de esta retahíla del refranero popular, paso a presentar el cara a cara que inaugura una nueva andadura en este nuestro querido blog. En él, dos de nuestros compañeros, Javieres ambos, analizan desde su punto de vista personal, la eliminatoria de octavos de final de la Champions League 2008 entre el Real Madrid y la Roma. El resultado es el siguiente:

Bueno, pues lo dicho, se abre la veda. Esperamos que os haya gustado y que no nos deis muchos palos, sobretodo a los que dan la cara, aunque detrás también haya algún que otro culpable de todo esto.

domingo, 24 de febrero de 2008

El Madrid resbala en el Bernabeu

El conjunto blanco se mostró muy espeso durante los 90 minutos. Al Getafe le bastó con un gran orden táctico. Un despiste de los madridistas al celebrar un gol anulado les costó el partido a la contra. El Barca se pone a dos puntos del liderato. El fútbol es un estado de ánimo.

El Madrid se presentaba en el Bernabeu con un estado preocupante. Tres derrotas casi consecutivas parecían mostrar las carencias del todopoderoso líder. En cuanto a las bajas, una importante por cada línea: Pepe, Sneijder y Robinho. Y para colmo, el Barcelona le hacía una manita al colista de la Liga minutos antes del inicio y se situaba provisionalmente a dos puntos del liderato. Pero a pesar de todo esto, el partido era en el Bernabeu, y los blancos se veían con esa tranquilidad y esa calma de jugar en casa, con los zapatos quitados y la corbata desanudada. 11 victorias seguidas en casa no podían ser casualidad. El Getafe, por su parte, llegaba tras hacer historia en la UEFA y jugando sin Granero y De la Red por compromiso firmado con la entidad blanca. No pintaba muy allá para los de Laudrup.
El partido empezó como mandan los canones futbolísticos. El local dominando el juego e intentando abrir la lata del visitante, que se cierra bien atrás. Pero pronto se topaba el Madrid con un rival que no vestía de azul: el césped. La lluva caída en la capital durante todo el día de forma intermitente parecía afectar más al equipo blanco que a los azulones, y más en concreto a jugadres como Van Nistelrooy o Gago, que ejercían patinaje sobre el verde. Aún con esas, el Madrid encerraba al rival en su campo pero sin llegar a crear verdadera sensación de peligro. Guti sacaba el tiralíneas y dirigía las tropas hacia Abbondanzieri, pero faltaba algo. Baptista se mostraba espesísimo, pidiendo a gritos la suplencia de la que tanto esfuerzo le costó salir. El Getafe simplemente aguardaba atrás, con mucho orden, y saliendo en ocasiones con cierto peligro, pero nada más. Y Robben continuaba con sus acometidas por ambas bandas, generando por lo general más ruido que nueces. El caso es que nos plantábamos en el descanso del encuentro con Casillas y Abbondanzieri con los guantes sin estrenar. Una primera parte realmente aburrida.

En la segunda mitad, la historia no cambiaba en exceso. El conjunto madridista empujando hacia delante pero sin llegar a morder arriba, sin pegada, cosa que le suele sobrar. Schuster trataba de cambiar la inercia del choque dando entrada a Drenthe en lugar del amodorrado Baptista. Pero nada. Agua. Y a todo esto, en el minuto 20 llegaba la jugada de circo. El chiste que si te lo cuentan, no te lo crees: el Madrid marca por medio de Robben. Medio equipo se lanza apresuradamente a la banda para celebrarlo, mientras el juez de línea de esa misma banda levanta el banda señalando fuera de juego. Los jugadores, atónitos, contemplan desde ese mismo sitio como el Getafe saca rápido y monta el contragolpe. Se plantan cuatro jugadores azulones frente a Guti y Heinze en defensa. El resultado, evidente: gol. De Uche, para ser más preciso. El público no daba crédito. Y los jugadores menos aún. Gago se veía besando a Robben por el supuesto 1-0 cuando en 20 segundos la cosa se ponía 0-1. De locos.

Tras la jugada cómica (o tragicómica para los madridistas) de la jornada, el Bernabeu se encendía y se levantaba en armas en búsqueda de justicia. Vale que se pongan pesados en tu casa, pero que encima se rían en tu cara, eso tampoco es. Y por si fuese poco, el mariscal de campo y el único que a día de hoy le da sentido al juego del Madrid, Guti, sentía un pinchazo y se retiraba lesionado.


Al Madrid se le habían subido a las barbas y se encontraba sin timón, corriendo para delante y para detrás como pollos sin cabeza. El campo se les hacía larguísimo y comenzaban los síntomas de agotamiento. Mental y físico. Schuster metía toda la artillería en el terreno de juego, dando entrada a Higuaín y Soldado por el malogrado Guti y por Torres. Pero de poco iba a servir. El conjunto merengue lanzaba balones al área rival como quien tira chinitas a un muro. El Getafe aprovechaba para sacar el tarro de formol y meter el partido ahí dentro, para que durmiese profundamente.

Y el cuento finalizaba así. El Madrid se encuentra en un estado en el que le toses y pierde el partido. así de simple. Durante la temporada tuvo varios partidos que ganaba sin merecerlo, y ahora le toca justo lo contrario. Ahora es el Barca el que parece un gigante que da tres pasos por cada dos de los blancos. Y es que, sin lugar a dudas señores, el fútbol es un estado de ánimo.

lunes, 18 de febrero de 2008

El CurroBetis vence con sus armas

Ser de un equipo humilde es lo que tiene, son pocas las alegrías que te llevas al gaznate. Pero amigos madridistas, no conocen el sabor de esas pocas alegrías. Es como el que come solomillo a diario, olvida la sensación de comerlo tras meses sin disfrutarlo, no lo valora en su justa medida. El sábado me tocó solomillo de primero, con ternera argentina setas tailandesas de segundo y profiteroles con chocolate caliente de postre. Desde la flamante consecución de la Copa del Rey ante Osasuna o la victoria contra el multimillonario Chelsea de Abrámovich he estado degustando tostadas con mantequillas casi a diario, y es que los aficionados béticos nos merecíamos ya algo así. El partido se presentaba “facilito” para el mejor equipo del Siglo XX. Un rival casi en descenso, con una situación convulsa y al que le cuesta mucho sacar tajada en sus citas en el Ruiz de Lopera.

El todopoderoso equipo merengue, con el “mejor jugador de la liga española”, el 14, como se ha afirmado durante esta semana y con el equipo del famoso 7 a 0 endosado al suicida Mendilibar. Un 2 fijo en la quiniela. En la quiniela de los que nunca se harán millonarios, acertarán 13 y se llevarán un par de euros. En esta vida hay que arriesgar un poco más y salirse del carrilillo (como diría nuestro Reyero).

El partido tuvo dos partes, y ya que es mi obsesión, lo destacaré. Un parte que ocupó los primeros 30 minutos fue la protagonizada por un Guti excesivamente liberado. La segunda parte duró 60 minutos, y en ésta el 14 tuvo a Arzu y Ribera muy pendientes de él, entonces desapareció.


Se adelantaba pronto el Madrid en una nueva empanada de la defensa bética, Robben se colaba por su banda derecha y le regalaba el gol al omnipresente en esos momentos, Drenthe. Primer mazazo muy pronto para la ya cansada parroquia bética. Pudo llegar el segundo, pero Ricardo estaba acertado, una vez más, y que portero fichó el Betis, que verdad es que mejoran con los años. Se avecinaba tormenta, y llegaban los primeros mensajes de soberbios como Manu Morillas (aunque es simpático este individuo). Rezaba el mensaje” Te dije que os caían 3. Olvídalo, serán 4 ¿qué os pasa pichita?”.


Pues bien, se desencadenaron los acontecimientos, la piel del oso hay que cazarla, y luego, si eso, venderla. Las ligas se ganan cuando el segundo rival ya no puede alcanzarte matemáticamente, esto es así. Hablar es gratis, y reconfortante, te sientes bien. Pero puede pasarte lo que le paso al bueno de Manu, recibir dos mensajes que digan “jodete, jodete de nuevo”, es ley de vida, jajaja.

Fue en el minuto 30, Guti perdió un balón de esos que él no intenta recuperar, porque el esfuerzo hay que mesurarlo para luego llegar fresquito a dar un pase de portada, balón a banda, donde el inmenso Pavone suele caer para efectuar buenos centros, y se lo manda a Edú al corazón del área para que bata a Casillas. Pero la culpa es de Marcelo, no de Guti, es del brasileño, que en la vida le podría quitar un balón por arriba a un cabeceador como Edú. Y es que lo fácil es echar la culpa al más débil, y en este caso es Marcelo.

Poco después, jugada calcada a la anterior, un habilidoso Edú recibe en banda izquierda, dribla varias veces a Salgado (si es Sergio Ramos lo dribla igual), amaga varios centros al área, y finalmente centra con la izquierda para que el chileno Mark González se reivindique y adelantara a los verdiblancos. El Madrid estaba grogui, el trivote formado por Rivera, Arzu y un rejuvenecido Capi se comían a la famosa “doble G”. Se llegó al descanso, y esto fue mejor noticia para los de Schuster que para los de Chaparro, pues el Betis controlaba a su antojo.

La segunda parte tenía un guión escrito, el Betis defendería el resultado con todo. Lo que no se esperaba era a un Madrid totalmente inoperante que sólo creó peligro con la entrada de Van Nistelrooy al terreno de juego, pues Raúl… Ah, que no lo he dicho, Raúl, el de la polémica con la Selección, jugó (bueno, estuvo).


Van Nistelrooy la tuvo, la pegó mordida y aún así fue al palo, y es que tiene tanto peligro que hasta fallado lo crea. Los recogepelotas se borraron al estilo Guti. Cultura sevillana, hay que alabarlo, no criticarlo. Hay va un topicazo, el fútbol es para listos, y en Sevilla otra cosa no, pero picaresca. Y no digo que en Madrid sean tontos, pero son culturas. Ricardo se tumbó un rato al sentir el pie de Robben, los portugueses también entienden de esto. 6 minutos de descuento, pueden sonar muchos, pero en realidad fueron pocos, dado el tiempo que perdió el conjunto de Chaparro. Y es que el Madrid no supo evitar este juego impuesto por Chaparro, fue ingenuo y cayó en la trampa, entró en el juego brusco y las tanganas.

Final del partido, jolgorio verdiblanco, la guasa del pobre sobre el rico, David venció a Goliath, otro topicazo. Vivimos hace poco la semana blanca, pues prepárense compañeros madridistas, se abre la semana verdiblanca, esta vez me rio yo. Y ni una victoria contra la Roma va a empañar esta sensación de equipo falto de espíritu dejado en el Manuel Ruiz de Lopera, donde el Betis fue superior y Chaparro le dio una lección a Schuster.

P.D: Si finalmente baja el Betis se reirán de mi, pero como diría mi amigo Blanco en el Bernabeu viendo al Mallorca ganar, “que me quiten lo bailao”. SE ABRE LA VEDA.

lunes, 28 de enero de 2008

El placer de jugar al fútbol

Real Madrid 3- Villareal 2

Partido de ida y vuelta. Un Madrid que no perdona. El Villareal, valiente, le juega al Madrid. Cinco goles (3-2) y ovación a ambos.


Últimamente los partidos en el Bernabéu son otros, no cabe duda. Te pegan al sofá del salón, a la butaca del bar, o al suelo que pisas encogiendo los dedos de los pies en cada lance. Últimamente este Madrid es otro, tiene más brillo. No es el sol de Madrid que sorprende este año en pleno mes de Enero, es la filosofía que emana el estilo de Schuster. Y es que el fútbol también necesita de ese calor para que se abran las flores.

Mucho tuvo que ver ayer Pellegrini con esta primavera futbolística en la casa blanca. Se presentaba un Villareal tercero, en casa de un líder sólido, y a los primeros cinco minutos, ¡Albricias!, un equipo que salía a jugarle cara a cara.

Existe la falsa creencia de que al Madrid se le gana defendiendo. Salir con la armadura de hierro y un escudo en ambas manos a estos campos recomienda dos premisas: Encomendarte a una tarde aciaga del de casa (véase el caso del Mallorca en copa, y poco más), o coger el paraguas y esperar que caiga el chaparrón. Los de amarillo, sin embargo, salían con un planteamiento de tú a tú. Con plena conciencia de que, al final, como más daño se le hace al Madrid es siendo creativo.

El partido estaba roto en origen, no se vieron cinco pases seguidos en todo el encuentro, y el partido respiraba el aire puro que exhalan los que tratan de darle cierto sentido al juego y guardan un truco en cada escena. De los cinco goles que regaló el partido, tuvo que ser Guti el que fabricara el primero. El de Torrejón es una fábrica de producción en cadena de este tipo de jugadas, y ayer sirvió una nueva remesa. Metió un balón raso por el interior de la defensa amarilla, que parecía salir repelida de los dominios de la pelota. La razón era un sello pegado y el nombre de Robinho grabado a fuego en el reverso. Un ligero toque y el Bernabéu acabó en llamas. Sólo ocho minutos.

Ya nadie duda de que Guti es indiscutible en este equipo. Esperemos que haya surtido efecto la cura de humildad y buenas formas que le dio Schuster a este rubio rebelde que, con treinta años, es incapaz de comprender que la humildad y la templanza son pasos necesarios para romper viejos pactos con el diablo. No era cuestión táctica, ni Baptista será nunca una opción viable a Guti, quizás a otros. Pero pretender un Madrid sin Guti es como abrazarse a la almohada que emana el olor de la mujer que abandonó tu cama.

Pero, como intuíamos, un tercer clasificado en una liga como ésta no se queda de brazos cruzados, ni cuando Guti saca conejos de su chistera. Tener jugadores del talento de Cani, Rossi o Nihat no te aseguran ganar en este campo, pero sí te dejan la sensación de no estar perdiendo el tiempo. Rossi clava su mirada en la portería de Casillas, y una estaca en su corazón, rompiendo las ilusiones de “San Iker” de escribir su nombre en libros cubiertos de polvo.

La alfombra roja del Bernabéu echaba aún de menos la sombra de Robinho, no por falta de presencia, sino de protagonismo individual. Por lo demás estuvo soberbio, una vez más. Este tipo de jugadores pueden ser santo de tu devoción o responsable de tus blasfemias, pero lo que es indudable es que cada movimiento de sus piernas es una sensación diferente. Su manera de improvisar es terroríficamente deliciosa. Su constante variación es su única variable constante. E inventa goles como los de ayer. Fruto, eso sí, de una carambola kafkiana con final en las mallas, tras un amague del brasileño y un sutil toque a la base del poste.

El partido aún guardaba un par de antojos. El primero era un gol de Capdevila. Otro al Madrid. Con un color distinto en su camiseta, y de un talante parecido a los suyos: De carambola a tres bandas y hasta el fondo de la red, a dos pasos de Casillas entre un bosque de defensas rivales. Sin embargo, el capricho que supone arrancarle un punto al Madrid en el Bernabéu, no fue más que un empacho de alegría que acabó pasando factura. En el tiempo en que usted puede leer esto, el Madrid se ponía de nuevo por delante con un gol de Sneijder, que se ha propuesto especializarse en los castellonenses. Victoria trabajada y partido para el recuerdo.

Otro encuentro de difícil ecuación para los de Schuster que, si bien sufren en ocasiones, ni se acercan al panorama de cuadruple baypass Capeliano de épocas pasadas. Hace un fútbol con rachas esperanzadoras, destellos de tan sólo milésimas y arrastrando el lastre de algún partido tedioso. Pero este Madrid es un regalo a los sentidos, y el Villareal el complemento perfecto para un deleite pecaminoso en malos tiempos para el fútbol. Gracias a ambos.

domingo, 20 de enero de 2008

Los colchones son blancos

ATLÉTICO DE MADRID 0 - REAL MADRID 2

Un gol tempranero de Raúl enmudeció el Calderón. Pepe recayó de su lesión y tuvo que ser sustituido a los once minutos. Casillas y la pegada del Madrid fueron de nuevo decisivos. El Atlético bajó los brazos tras el descanso.
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Manuel Morillas

Comparecía el Atlético ilusionado, porque este año se gusta y se lo cree, ha alcanzado un lugar en la clasificación digno de su peso histórico y aunque ya no tiene al niño Torres, tiene a otro con la misma jeta y descaro, pero absuelto de la presión que recaía sobre aquel. El Madrid, venía de caer en Copa ante el Mallorca; un palo que duele menos pero que no deja de ser un palo. Era la ocasión propicia para que el Atleti diese esa alegría -casi utópica ya- para sus aficionados: ganar al Madrid. Y digo bien, casi utópica, porque cuando se es del pupas se sabe que tarde o temprano la fortuna te va a abandonar, te va dar la espalda. Es inútil mendigar al cielo: el cenizo acaba apareciendo una y otra vez.

El caso es que ayer el cenizo apareció muy pronto. Fue una especie de venganza colectiva. Si en el Bernabeu fue Agüero quien marcaba a los 56 segundos, esta vez el turno fue para Raúl, obcecado con dar quebraderos de cabeza a Luis Aragonés. A los 31 segundos recibía un balón robado por Robinho, muy rápido ante el fallo de Pablo, metía el pie y batía a Abbiati, robándole a Agüero el récord y al Atlético la ilusión.

Los rojiblancos no tenían otra opción que atacar y lo intentaban por las bandas, con Maxi, Simao o Antonio López, creando sensación de dominio en un partido frenético, de ida y vuelta. El Madrid, cómodo por el resultado, metía miedo a la contra y recordaba que en cualquier momento podía llegar otro picotazo, esta vez mortal.

Agüero y Forlán tenían las ocasiones más claras. Pero no era su día, era el día del de siempre: el señor Don Presunto mejor portero del mundo y sus amuletos, o lo que es lo mismo: sus palos. El de Móstoles, empeñado en demostrar que los porteros también merecen balones de oro, siguió con su particular campaña de autopromoción salvando un trallazo de Forlán o estirándose para atajar un balón rematado por el Kun, que se adelantó a la defensa para rematar con intención una falta botada por Antonio López. En el minuto 27, Motta, que demostró que a los gorditos se les necesita más en Milán que en Madrid, remataba al larguero confirmando que el calificativo de pupas no fue un capricho de algún pesimista aburrido, sino el fiel reflejo del desigual reparto de suerte en el mundo. Más tarde era Agüero quien sufría más de lo mismo rematando otro balón al larguero: hay leyendas de las que cuesta trabajo escaquearse.


El Madrid, que es un equipo que ahoga pero no aprieta, no avisó más. Sneijder botó un córner y Pablo, que de saberlo no se hubiera levantado de la cama ayer, volvió a fallar como en el primer gol. Esta vez dejó volar el balón cómodamente para que Van Nistelrooy, celador de guardia en porterías rivales, sólo tuviese que practicar su afición favorita: rematar a gol. El Atlético, como aturdido, siguió por inercia intentando acercarse a la ermita de Casillas. Así, tras hilvanar una buena jugada se plantó allí, pero “el santo” dejó claro a Antonio López que él no defrauda a sus fieles: hace milagros y bendice balones.

Tras el descanso el Atlético no parecía reaccionar. Lo intentaba pero no con el peligro que en la primera mitad. El cambio de Reyes por Simao no fue de gran ayuda, lo que ha dejado de ser novedad. El Madrid no tenía la posesión pero ganaba entereza en el centro del campo con Gago, Guti y Sneijder. El holandés mejoró respecto a partidos anteriores. Estuvo voluntarioso, ofreciéndose y llegando con peligro al área atlética, pero le faltó algo, no sabemos si suerte o convicción, pero sus disparos se toparon con Abbiati o se marcharon fuera.

No necesitó el Madrid mucho más, el Atlético atacaba como por obligación moral y sin la más mínima fe en remontar el resultado. Aguirre ponía muecas en el banquillo, pero lo cierto es que tampoco hizo mucho por darle la vuelta a la situación. Los cambios de Luis García por Motta o Cléber Santana por Maxi no sirvieron para nada, el Atlético ya había abandonado. Agüero, el mejor colchonero ayer, volvía a intentarlo, pero debió de olvidar que otros –léase El Niño- ya tuvieron que cambiar de equipo para conseguirlo.

Pudo el Madrid dar la puntilla si Robinho hubiese afinado la puntería tras no entenderse Eller y Abbiati ante un centro de Raúl, pero los blancos ni quisieron ni se esforzaron en hacer sangre. Ya habían hecho bastante pupa.

El Madrid suma ya ocho años sin perder el derbi y deja claro que esta temporada los únicos colchones que hay son blancos. Concretamente, de siete puntos sobre el Barça y de trece sobre los del Manzanares. Ya les decía: hay leyendas de las que cuesta escaquearse.

jueves, 17 de enero de 2008

La rebelión de los pobres

La mejor primera parte de la temporada madridista. Un Mallorca que dejó jugar. Un Madrid sin pegada, por una vez. Y muerto a la contra.


El partido nos sorprendió por varios frentes. El primero comandado por un Schuster que, pese a estar obligado a marcar, decidió sacar un Madrid sin Van Nistelroy ni Robinho y dar entrada a Saviola y Drenthe. El otro surgió ya en batalla, con un local que a los 5 minutos ya mandaba en el juego, y que a los quince protagonizaba un asedio indiscriminado fallando dos ocasiones claras. Saviola hacía gala de su inocencia en varias ocasiones, tarda en cargar la pierna más de lo necesario. Higuaín estuvo más que serio, llevaba peligro en cada balón que sus pies solicitaban, pero se encontró un Fernando Navarro muy entonado que salía al quite en cada aproximación. Por si fuera poco enemigo, a él se aliaba la poca templanza cara a puerta del argentino.

Al Mallorca, por su parte, se le veía pasar más frío que el propio de Madrid por estas fechas. Temblaba en cada acometida blanca. Ni Arango, "madridófago" de profesión, ni Trejo creaban el mínimo peligro en la portería madridista. Para colmo, Guti era el que espera la parroquia blanca: Ordenaba, mandaba, se paraba y templaba pero todo iba a parar a la defensa isleña. Esa es la única forma de ganar en el Bernabéu. Si te comportas como una bestia te acaban pegando un tiro, pero con el disfraz de princesa el rival cree que te conquistará en secreto. El camino, por tanto, lo encontraba el Mallorca dándole el balón al Madrid y esperando en tres cuartos de campo.

Los minutos transcurrían y los roles no cambiaban. El Madrid apretaba el cuello de los baleares y estos trataban de tomar aire en cada balón extraviado a la grada. Una de las mejores primeras partes de toda la temporada madridsta, y se iban con un triste 0-0 al descanso.

El guión era el mismo en la segunda, pero el Madrid ya renqueaba en algunas fases. Hay equipos a los que, en cuestión de minutos, se les apaga la luz y se les vuelve a encender, y en el Madrid, curiosamente, coincide con las ráfagas de Guti. Pase luminoso a Salgado, que cede a un Van Nistelroy recién salido por Saviola, y el balón muere en la línea de fondo.

Una y otra vez el Madrid atacaba, pero el barco naufragaba en un mar de piernas. Semejante atolladero necesitaba de alguien que abriera las aguas de ese Mar Rojo que era el área del Mallorca, y el Moisés de Schuster era Robinho del que nadie duda ya, que tras cargar un año entero con los diez mil mandamientos de Capello, con el alemán es un ente libre que te resuelve este tipo de partidos. El brasileño, sin embargo, salía poco enchufado y apenas dio sensación de peligro en un par de ocasiones que chocaban en la muralla del Mallorca, que cada cinco minutos daba un paso atrás en el campo, y uno adelante en el partido.

A falta de 10 minutos el Madrid necesitaba un gol, por lo que el equipo se vino definitivamente arriba, tener a tiro al Mallorca ya no bastaba, era el momento de matarlo. Pero como pasa siempre en estas cosas, si tardas en cazar tu presa se te acaba escapando, como si te obcecas en marcar te descuidas en defensa. Tanto es así, que lo que era un Ministerio de Defensa bien armado, se convirtió en segundos en una República Bananera. Pase de Varela meteórico, medido al pie para Ibagaza, la providencia sentenció que quien fusilara al Madrid fueras un ex-atlético, y con un toque sutil elevó el balón por encima de Dudek y sumergió al rival en el infierno.

Al Madrid le visitó Hacienda y pagó sus deudas de tantos y tantos partidos ganando así, tal como perdió. Jugó bien, dominó, mandó de principio a fin, tuvo mil oportunidades, y acabó perdiendo. Por una vez la suerte y la pegada no estuvieron de su lado, y perdieron un partido que guardaban en el bolsillo desde el minuto uno. Por una vez, decía, pero el día no era el acertado. En Copa, que pierdes y te vas a casa. Por una vez, el Madrid extravió su suerte. Por una vez, Peter Pan, decidió visitar a los niños de los barrios pobres, y un polvo mágico cubrió al Mallorca de Gloria. Y volaron.

domingo, 6 de enero de 2008

COMO REGALO DE REYES

El Real Madrid sólo tuvo dos, que aprovechó para ganarle al Zaragoza.

Dos individualidades de Robinho solventaron el mal partido del Real Madrid en su casa, al colaborar en los dos goles para el triunfo blanco, asistiendo en el primero y marcando en el segundo, lo que le permite consolidar a su equipo en la primera posición de la Liga de las Estrellas.


Regresaba la Liga al Santiago Bernabéu, regresaba el Real Madrid en día de Reyes con el objetivo de recibir el mejor regalo posible: mantener la ventaja de siete puntos con el Barcelona, después que los azulgranas, ya habían hecho sus deberes.


Pero el regreso en este nuevo año no fue fácil para los merengues, por lo menos en la primera parte, donde su central el argentino Gabriel Heinze se tuvo que retirar lesionado por rotura fibrilar y el Zaragoza mereció marcar algún gol en sendas oportunidades por medio de Diego Milito y Ricardo de Oliveira. Incluso, el árbitro anuló un gol al equipo maño por fuera de juego.


En la segunda parte, el partido no cambió de lo que fue la tónica del primero, el Zaragoza dominó el primer cuarto de hora y fue el amo y señor del encuentro, pero la falta de puntería de sus delanteros y la figura de Iker Casillas que es un cerrojo inexpugnable en el arco blanco, fueron causas suficientes para que el equipo visitante no tuviera mejor suerte.


Pero cuando un equipo perdona al Real Madrid lo suele pagar. Eso ha pasado en esta temporada, y eso pasó. Van Nistelrooy se encargó de partir la rosca en este día en que los Magos vinieron de oriente y marcó el primero del Madrid en el minuto 20 de la segunda parte al rematar de cabeza un centro de Robinho, el propio brasileño cerró la cuenta del marcador a 14 minutos del final al culminar un contragolpe en jugada individual, sacándose el muñequito y finiquitando el encuentro.

Al final, con un Zaragoza ya derrotado y decepcionado, el Madrid se dedicó a tocar y dejar que el tiempo siguiera su curso, para así desenvolverles a sus aficionados el regalo del triunfo, un regalo que los deja en solitario en la cima de la Liga Española.

Suerte de campeón

Casillas cuatro semanas imbatido en liga.. El Zaragoza asustó en varias ocasiones. Mal juego madridista. Robinho marca la diferencia.

Cruzar los dedos, buscar un trébol de cuatro hojas, derramar la sal por encima del hombro derecho, que tu rival pase por debajo de una escalera. Pisar el regalo de un perro despistado, llevar una pata de conejo de llavero, tocarle la espalda a un jorobado, o que la defensa contraria vea pasar un gato negro. Nada de eso vale contra el Madrid. Está en racha. Es un equipo tocado por un ángel nacido en Móstoles de nombre profano: Iker. De nada sirve correr, pensaría el Zaragoza. “Con Casillas hay que estar especialmente afinado”, rezaba Oliveira antes del partido. El Madrid es un equipo con tendencias, descendente en su juego, pero exponencial, meteórica en sus resultados: Tres tiros a puerta. Dos goles. Un Zaragoza entonado, el mejor de toda la temporada, fue a escoger el peor de los escenarios y el más cruel de los viajes de vuelta: Jugar mejor, dominar, y acabar perdiendo.

Los equipos cumplían sus roles a la salida. Un Madrid con los galones de líder, a siete puntos del Barcelona y las Navidades más blancas que se recuerdan en años. Un Madrid que mordía a la salida, que jugaba al toque, alegre, desenfadado, que se debía una fiesta con los suyos por el heróico triunfo en Barcelona y que, por eso, probablemente, repetía centro del campo, que es lo mismo que decir, que Guti repetía asiento en el banquillo. Con el jolgorio inicial, y las buenas sensaciones, poco importaba un césped rebelde. Antipático y arisco con el balón, que lo repelía y lo hizaba al aire en cada pase a ras de suelo. En definitiva, frío con el fútbol, fruto de las heladas invernales. El Zaragoza con una actitud pasiva, a verlas ir y venir, pero poco duraría esa posición sumisa ante el juego merengue.

El problema de hacer las fiestas a horas tempranas es que se acaba bebiendo demasiado, de tal forma que, uno acaba borracho de sí mismo y haciendo el ridículo. El Madrid pecó de soberbia, el Zaragoza se le subió encima a los diez minutos y le creaba varias ocasiones, de esas suicidas que sólo el Madrid puede permitirse. Y digo sólo, porque Casillas hay uno en el mundo y, parece, tiene un imperio vitalicio en su portería y un consorcio con la suerte (cien palos cumplió ayer). El Madrid sufría y, para colmo, Heinze se lesionaba por andar cotizando lesiones pasadas, que acabaron rompiendo al argentino para un mes.

El partido era de todo salvo opulento. En gran medida tedioso. Las ocasiones se asomaban sonrojando las mejillas, y solo del lado de los maños, porque el Madrid estaba ausente salvo Casillas, cosa que no es nueva. Pero he aquí donde interviene el tercer factor decisivo, después del portero y la providencia. La diferencia entre uno y otro: el tonelaje de su plantilla, y ahí el Madrid es claramente un Súper-pesado. Si un día no aparece Baptista, lo hace Van Nistelroy, y si no lo hace Sneijder, lo hace Guti (aparecido y ovacionado tras su salida por el holandés). Pero esta vez, y ya son varias este año, era el día de Robinho. En estos partidos donde se echa de menos el descaro, el brasileño es el hombre ideal para arrojar a un pajar y arrancarle la falda al partido. De su lujuria futbolística nacía el gol de Van Nistelroy, tras centro desde la derecha, fruto de una jugada individual del brasileño. Primer gol en liga del año, y cambio de partido.

El Madrid se iba impune tras setenta y cinco minutos de delito balompedístico, y al Zaragoza le tocaba cumplír una condena de la que era sobradamene inocente. Tuvo que renegar, por tanto, de la defensa en ocasiones, y del centro del campo en otras, de ahí que Guti comenzara a barajar las cartas y abrir juego a discreción. Un Madrid, por fin, más alegre. Aunque aún sufría algo en sus carnes Casillas, acometía las contras con la velocidad de la que adoleció el encuentro. De ahí nació el segundo gol. Contrataque fugaz y gol de Robinho, que se coronaba así como el hombre del encuentro, o niño quizá, porque es afición lo que tiene el brasileño a chuparse el dedo. Dos veces meció la cuna en sus manos en dedicatoria a su hijo que está por venir... Y el partido se fué ahí.

Dos palos, hasta cinco paradas salvadoras de Iker, el mejor partido de la temporada de los maños, mal partido del Madrid y, ni aún así, se escapa un punto del coliseo blanco. Suerte, providencia divina, estado de ánimo, o quizá un pacto con el mismo demonio, pero el equipo de Schuster tiene algo que hace cada vez más dificil ganarle. Y ya va una semana más. La semana próxima el Levante. ¿Qué será esta vez?

domingo, 30 de diciembre de 2007

Semmy Schilt campeón del Mundo de K1

Lo ha vuelto a hacer. Por tercer año consecutivo, Semmy Schilt ha vuelto a proclamarse campeón del Mundo en K1. Este holandés de más de dos metros de altura, se está convirtiendo en un rival de mucho calado en esta modalidad, cada vez con mayor éxito, y que deja por debajo torneos como Pride o la UFC. Ésta última, por cierto, algo venida a menos por la fuga de talentos al propio Pride (como Wanderlei Silva) y tan denostada gracias a la existencia histórica en el octógono de personajes tan indeseables, como Tank Abbott.

Ya en las semifinales quedaba patente lo que, a día de hoy, es una evidencia: Que la escuela holandesa está muy por encima del resto de paises aficionados a este deporte. Hasta tres de los cuatro aspirantes eran de los Países Bajos. Tan solo el francés, Le Banner, (como no podía ser de otro modo) podía aguar la fiesta a los del país de los tulipanes.

La primera semifinal nos dejaba el que, posiblemente, habría sido el combate más espectacular de esta fase final. Por un lado el bicampeón Semmy Schilt, un angelito de 2,12 cms y que esconde, bajo una apariencia tosca y demoledora, una técnica poco usual en un hombre de su talla. Un rival poco deseable para el segundo luchador, Jerome Le Banner, que asomaba su cabeza 22 centímetros más abajo que su adversario. Esta pelea con reminiscencias bíblicas, con un David entrado en años, y el más que probable hermano mayor de Golliath, se convirtió en un auténtico calvario para el holandés que sufría, una y otra vez, las acometidas de Le Banner. Usaba las mazas que posee a ambos lados del cuerpo como dos puñales, y las lanzaba, una a una con insistencia, en cada respiración. Hasta tal punto el gigante se vio apurado, que en más de un momento tuvo que usar la clásica patada frontal para mantener alejado al gallo galo, y tratar de hacer valer su envergadura disparando desde lejos. La providencia, o la mala suerte, hizo que el combate durara menos de lo deseado, y Le Banner tuvo que retirarse en el segundo asalto, tras lesionarse en su pierna derecha (algo que no le impidió seguir luchando) e izar desde su esquina la toalla al viento en un acto de piadosa sensatez.

La segunda batida fue mucho más extensa pero menos emotiva. El veteranísimo, y varias veces campeón del mundo, Peter Aerts, se veía las caras con el hombre de las rodillas voladoras, Remy Bonjasky. Era una batalla casi antagónica. El primero, un fajador incansable con una bola de demolición en mano. El segundo, un estilista en el manejo de ambas piernas, que lanza como dardos envenenados. Es la lucha entre un bárbaro con un hacha y un asesino a sueldo que actúa en la sombra. El combate existió en la desigualdad de principio a fin. Aerts lanzaba acometidas repetidamente ante su paisano, que esperaba su oportunidad y más de una vez cargaba sus piernas haciendo gala de su habilidad, y dejándonos alguna patada tras giro de bella factura. Pero, como rezan las leyes lógicas de la física, no se puede derrumbar la muralla china lanzando cucharillas de café, y Bonjasky, ni estaba certero, ni mucho menos contundente, de tal modo que todo moría en la defensa de Aerts. Tras los tres asaltos pertinentes, el veterano holandés se hacía con la victoria por unanimidad arbitral.

La final acabó teniendo el más esperado de los principios. Un Semmy descansado, con sólo tres minutos de lucha a sus espaldas (que es lo que duró Le Banner sin lesionarse). Por otro lado, un Peter Aerts que, si bien fue muy superior en su anterior combate, arrastraba seis minutos más que su rival, con una dosis de diez años más a sus espaldas, y algún que otro golpe certero de Bonjasky. Semmy no tuvo más que alejarle de la línea de pegada, y lanzar repetidamente el directo de inquierdas que fue el que acabó tumbando al más veterano de los finalistas. Tres picotazos. Con el suficiente veneno para hacer escupir el protector a su compatriota y proclamarse campeón, de nuevo.

Semmy Schilt ha concluido el año en un estado de forma excepcional. Ya no sólo por su tercer título en K1, sino por la facilidad con el que lo obtuvo (si bien es cierto que que la pelea con Le Banner, tuvo un final que invitaba a la duda). Para el año que viene, a buen seguro, tratará de revalidar su título, y ahí estará Le Banner para tratar de impedirlo y arrebatarle una hegemonía que, quizás, esté durando demasiado.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Cambio de ciclos

El Madrid sorprende de serio. Baptista se gana el puesto. Desde Barcelona se exige a la savia nueva. Ronaldinho se cae de maduro. Será cosa de los ciclos.

El partido nacía rebelde. Se esperaba un Barcelona que disparase a dos manos, con inquina, con ansia. Fruto del orgullo herido del que quiso ser rey y acabó siendo bufón en Junio. Se esperaba un Madrid asustado, tratándose de calzar un estadio que, históricamente, parece que se le hace grande. Pero el destino es caprichoso y el fútbol incierto, y veíamos a un madrid bien plantado, con el fútbol justo para acercarse al área contraria y la sobriedad exacta para evitar las embestidas del Barcelona. Un Barça triste, con un Ronaldinho presente al final, pero incompleto. Quedó la sombra, pero se esfumó su figura. Y así, entre unos y otros, el juego iba muriendo pero crecía el espectáculo. La lucha estaba en el centro, con Baptista y Touré que imponían la ley de la fuerza, y Robinho e Iniesta saltándose esa norma que se les antoja tan injusta .

El balón caía de lado a lado, en tierra de todos y de nadie. Semejante despropósito no podía tener un fin más inverosímil: Un remate de Pepe a la salida de un córner que casi termina en un gol de corte cómico. Sucesos así son los que explican los cambios de partido. El Madrid se hacía así con el mando del juego. Sin Guti, su director de orquesta, que cumple condena en el banquillo por mala conducta, los blancos se encomendaban a la inspiración de Sneijder o de la Bestia, algún derroche creativo de Van Nistelroy, y el descaro de Robinho, pero sobraba banalidad y faltaba es algo divino que en el Madrid solo posee el rubio. A falta de ese “algo”, los de Schuster perdían los minutos, y el Barça encontraba la inspiración a la media hora. Pero como suele suceder cuando juegas contra el Madrid, tienen que ocurrir dos cosas: Que estés francamente inspirado,y que a Casillas le coja una tarde tonta. Con lo primero, si eres el Barcelona, termina llegando. Lo segundo es cuestión de creer. Pero por grande que sea tu fe, y soberbia tu jugada, siempre habrá alguien mas fuerte que tú, que te saque el balón en dos ocasiones y te haga perder los papeles.

El fútbol se alimenta a base de antojos, y al partido del siglo se le antojaba que fuera Baptista quien lo coronase. El destino dictó sentencia y Baptista acató la orden. Hizo una pared mágica con Van Nistelroy, mágica, porque el balón parecía que volaba, y a bote pronto delante de Valdés, la Bestia dejaba su sello en la red azulgrana. 0-1 que no sorprendía a nadie, pero dejaba el murmullo en la grada culé. Con el gol y algún que otro envite, acababa la primera parte del quincuagésimo partido del siglo.

La segunda venía torcida para Ronaldinho, que seria el gran castigado de la noche. Falto de ritmo, con la desidia que le invadía por momentos, y una fijación en empezar y acabar jugada. Con todo esto (sumado a un Barcelona que se intuía ya a siete puntos de su liga), la parroquia empezaba a impacientarse, y lo pagaba el brasileño con un preludio de pitos en La Menor,y sostenidos hasta el final del encuentro, donde acabarían explotando.

El papel antagonista ya estaba asignado. Al Madrid, por tanto, solo le tocaba demostrar que es distinto, que ha extraditado al infinito su papel de protagonista vitalicio en cada obra, y ahora trabaja mejor en la sombra. Hasta cuatro veces pudo ver portería, pero el Madrid, de bueno que es, parece tonto, y casi deja escapar tres puntos y 24 años de historia negra en el Camp Nou en Liga.

Ronaldinho permaneció ajeno a los cambios de Rijkaard. No será por cobardía del holandés, que a día de hoy sabe que quitar a Ronaldinho es ganarse el aplauso fácil, pero él va más allá, y dejándolo en el campo lo echaba a los leones y salvaba su cabeza. Desvía así las miradas y esquiva las culpas. Salían Bojan y Giovanni, y el partido tenía otros aires, más frescos, con olor a nuevos tiempos, deben ser los dichosos ciclos. Dos arrebatos. Uno de Etto´o, voluntarioso, como es él, pero falto de partidos. Otro de Bojan, también a su estilo, nada más entrar y desde fuera del área. A cabezazos ha entrado este chico en “can Barça”. Un final que no se esperaba el madridismo, por una vez en la vida, pero que en ese campo, no podía ser de otro modo: Con la lengua fuera y pidiendo la hora (Que llegó un minuto antes, por mandato arbitral).

El Clásico nos deja un giro en las tornas. Por estas fechas el año pasado teníamos a un Madrid muerto, loco y sin rumbo fijo. Un Barcelona que hacía las cuentas del campeón y rellenaba las invitaciones. Todo eso ha cambiado. Serán los ciclos.

sábado, 22 de diciembre de 2007

"El partido del siglo" de este mes

19 de noviembre de 2005. Servidor que esto escribe apenas llevaba mes y medio en Irlanda. Me encontraba viendo el “partido del siglo” –uno más- en O´Branaghans, un pub de Dublín, escoltado por una cuadrilla de 5 ó 6 nativos que insistentemente rellenaban sus vasos de medio litro con un mejunje negro llamado Guinness. Con pasión andaluza y bebida irlandesa llegó el pitido inicial del clásico español. El Bernabéu a reventar. Un punto separaba a ambos equipos en la clasificación. Ese año Vanderlei Luxemburgo dirigía al Madrid, donde trataba de imponer su estilo brasileño con un experimento hexagonal de escaso calado social: el cuadrado mágico, probablemente uno de los errores más bochornosos de la geometría moderna.

El Madrid comparecía como la megaestrella de Hollywood que lleva varios años con papeles en películas de serie B: venido a menos pero conservando el respeto que se le profesa por el nombre, porque todos han visto alguna película suya alguna vez. El galacticidio ya ondeaba en el horizonte, pero el falso espejismo de la clasificación mantenía un rayo de esperanza. Casillas -como antes, como ahora, como siempre- y Ronaldo -en sus últimas paellas felices por la capital- mantenían a flote un buque demasiado pesado como para no naufragar.

En el Barça, Rijkaard vertía la presión sobre el conjunto blanco, que se presentaba al choque a un punto de los azulgrana en la general. Con la tranquilidad de ser los actuales campeones, presumían de su sangre joven. Messi empezaba por aquel entonces su meteórico ascenso al olimpo de los más grandes, aquellos que cuando reciben el cuero congelan el tiempo para que todos observen, ponen en pie a creyentes e impíos por igual y hasta pueden permitirse el lujo de marcar goles con las manos; Ronaldinho, el feo de la sonrisa preciosa que no necesitaba manos, porque era como si tuviese 6 pares de pies, no sabes si bailaba samba, rap o breakdance, porque mezclaba todas; y Eto'o, el hijo que quiso ser pródigo y terminó siendo prófugo, la hambrienta gacela africana, el nuevo descarado Henry, el crack que tuvo que huir porque no había sitio para tanto extranjero en la Castellana. Su plaza ya había sido ocupada por Samuel, un año en Madrid y gracias; la florentinada que cambió el curso de la historia.

Minuto 76 de partido. Ronaldinho, como si andase buscando repetir el mismo gol que 20 minutos antes, se va de Sergio Ramos por la izquierda y bate de nuevo a Casillas. 0-3. El Bernabéu en pie aplaude a Ronaldinho. La congregación de dublineses admira asombrada y se rinde a sus pies. “Señores, disfruten del partido, disfruten de ese jugador porque es el mejor del mundo” – les dije apurando de un sorbo mi cerveza y me fui. Aquel partido fue la confirmación definitiva de una tendencia: el Barcelona era el mejor equipo de España. Aquella temporada el barça ganó la liga de nuevo y se coronó rey de Europa por segunda vez en su historia. Ronaldinho, Eto’o y Messi asombraron al mundo y vi por las calles de Dublín más camisetas azulgranas que pañuelos rojos en los sanfermines.

El Madrid se hundió progresivamente en la miseria. Perdió fuelle en liga, Juan Ramón López Caro relevó a Luxemburgo en el baile de entrenadores blancos desde que se marchó Del Bosque (¡ay!) y fue eliminado de la Champions por el Arsenal en octavos. Tres años sin títulos eran demasiados, como lo eran tres goles de tu más odiado enemigo en tu propia casa.

Dos años y un mes después la tortilla ha girado dentro de la sartén. Ahora es el Madrid el que se presenta como actual campeón de liga, cuatro puntos por delante del Barcelona y vertiendo sobre los culés la presión, ya que, de perder se quedarían a 7 puntos, una distancia que, si bien no es insalvable sí que podría ser estigmatizadora. Los de Barcelona presentan alarmantes síntomas de galactización, y esa palabra acojona, que pregunten a los del Madrid, si no. Con un Ronaldinho igual de guapo pero que sonríe menos –y trabaja menos también- y un Messi recién nombrado Balón de Bronce que se pierde el derby por lesión, las posibilidades de los blancos de dar la campanada en el Camp Nou, estadio que históricamente no se les da nada bien, aumentan.

Pero sí que estará el hijo prófugo y los nuevos zagales que vienen con la petición de jubilación anticipada para los “fantásticos”: Giovanni y Bojan. También Iniesta, que ha pasado en este tiempo de ser alumno aventajado a profesor con cátedra. Y Henry, que puede estar o no –no parece que para el encuentro completo- pero que su presencia sería tan amenazante como la de Ronaldo en el Madrid hace dos años: estén como estén, para el rival es siempre mejor que no jueguen.

Sea como sea y termine como termine no será el partido del siglo. En liga, primera vuelta y con tanto aún por disputar es imposible que lo sea porque nada decide. Pero es un clásico, es el partido que paraliza a un país entero. Nervios, pasión y emoción, puro entretenimiento; lo que de verdad nos gusta del fútbol. Y no sólo a nosotros, en México lo verán con unas Coronitas o en Irlanda con unas Guinness.