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lunes, 28 de enero de 2008

El placer de jugar al fútbol

Real Madrid 3- Villareal 2

Partido de ida y vuelta. Un Madrid que no perdona. El Villareal, valiente, le juega al Madrid. Cinco goles (3-2) y ovación a ambos.


Últimamente los partidos en el Bernabéu son otros, no cabe duda. Te pegan al sofá del salón, a la butaca del bar, o al suelo que pisas encogiendo los dedos de los pies en cada lance. Últimamente este Madrid es otro, tiene más brillo. No es el sol de Madrid que sorprende este año en pleno mes de Enero, es la filosofía que emana el estilo de Schuster. Y es que el fútbol también necesita de ese calor para que se abran las flores.

Mucho tuvo que ver ayer Pellegrini con esta primavera futbolística en la casa blanca. Se presentaba un Villareal tercero, en casa de un líder sólido, y a los primeros cinco minutos, ¡Albricias!, un equipo que salía a jugarle cara a cara.

Existe la falsa creencia de que al Madrid se le gana defendiendo. Salir con la armadura de hierro y un escudo en ambas manos a estos campos recomienda dos premisas: Encomendarte a una tarde aciaga del de casa (véase el caso del Mallorca en copa, y poco más), o coger el paraguas y esperar que caiga el chaparrón. Los de amarillo, sin embargo, salían con un planteamiento de tú a tú. Con plena conciencia de que, al final, como más daño se le hace al Madrid es siendo creativo.

El partido estaba roto en origen, no se vieron cinco pases seguidos en todo el encuentro, y el partido respiraba el aire puro que exhalan los que tratan de darle cierto sentido al juego y guardan un truco en cada escena. De los cinco goles que regaló el partido, tuvo que ser Guti el que fabricara el primero. El de Torrejón es una fábrica de producción en cadena de este tipo de jugadas, y ayer sirvió una nueva remesa. Metió un balón raso por el interior de la defensa amarilla, que parecía salir repelida de los dominios de la pelota. La razón era un sello pegado y el nombre de Robinho grabado a fuego en el reverso. Un ligero toque y el Bernabéu acabó en llamas. Sólo ocho minutos.

Ya nadie duda de que Guti es indiscutible en este equipo. Esperemos que haya surtido efecto la cura de humildad y buenas formas que le dio Schuster a este rubio rebelde que, con treinta años, es incapaz de comprender que la humildad y la templanza son pasos necesarios para romper viejos pactos con el diablo. No era cuestión táctica, ni Baptista será nunca una opción viable a Guti, quizás a otros. Pero pretender un Madrid sin Guti es como abrazarse a la almohada que emana el olor de la mujer que abandonó tu cama.

Pero, como intuíamos, un tercer clasificado en una liga como ésta no se queda de brazos cruzados, ni cuando Guti saca conejos de su chistera. Tener jugadores del talento de Cani, Rossi o Nihat no te aseguran ganar en este campo, pero sí te dejan la sensación de no estar perdiendo el tiempo. Rossi clava su mirada en la portería de Casillas, y una estaca en su corazón, rompiendo las ilusiones de “San Iker” de escribir su nombre en libros cubiertos de polvo.

La alfombra roja del Bernabéu echaba aún de menos la sombra de Robinho, no por falta de presencia, sino de protagonismo individual. Por lo demás estuvo soberbio, una vez más. Este tipo de jugadores pueden ser santo de tu devoción o responsable de tus blasfemias, pero lo que es indudable es que cada movimiento de sus piernas es una sensación diferente. Su manera de improvisar es terroríficamente deliciosa. Su constante variación es su única variable constante. E inventa goles como los de ayer. Fruto, eso sí, de una carambola kafkiana con final en las mallas, tras un amague del brasileño y un sutil toque a la base del poste.

El partido aún guardaba un par de antojos. El primero era un gol de Capdevila. Otro al Madrid. Con un color distinto en su camiseta, y de un talante parecido a los suyos: De carambola a tres bandas y hasta el fondo de la red, a dos pasos de Casillas entre un bosque de defensas rivales. Sin embargo, el capricho que supone arrancarle un punto al Madrid en el Bernabéu, no fue más que un empacho de alegría que acabó pasando factura. En el tiempo en que usted puede leer esto, el Madrid se ponía de nuevo por delante con un gol de Sneijder, que se ha propuesto especializarse en los castellonenses. Victoria trabajada y partido para el recuerdo.

Otro encuentro de difícil ecuación para los de Schuster que, si bien sufren en ocasiones, ni se acercan al panorama de cuadruple baypass Capeliano de épocas pasadas. Hace un fútbol con rachas esperanzadoras, destellos de tan sólo milésimas y arrastrando el lastre de algún partido tedioso. Pero este Madrid es un regalo a los sentidos, y el Villareal el complemento perfecto para un deleite pecaminoso en malos tiempos para el fútbol. Gracias a ambos.

jueves, 17 de enero de 2008

La rebelión de los pobres

La mejor primera parte de la temporada madridista. Un Mallorca que dejó jugar. Un Madrid sin pegada, por una vez. Y muerto a la contra.


El partido nos sorprendió por varios frentes. El primero comandado por un Schuster que, pese a estar obligado a marcar, decidió sacar un Madrid sin Van Nistelroy ni Robinho y dar entrada a Saviola y Drenthe. El otro surgió ya en batalla, con un local que a los 5 minutos ya mandaba en el juego, y que a los quince protagonizaba un asedio indiscriminado fallando dos ocasiones claras. Saviola hacía gala de su inocencia en varias ocasiones, tarda en cargar la pierna más de lo necesario. Higuaín estuvo más que serio, llevaba peligro en cada balón que sus pies solicitaban, pero se encontró un Fernando Navarro muy entonado que salía al quite en cada aproximación. Por si fuera poco enemigo, a él se aliaba la poca templanza cara a puerta del argentino.

Al Mallorca, por su parte, se le veía pasar más frío que el propio de Madrid por estas fechas. Temblaba en cada acometida blanca. Ni Arango, "madridófago" de profesión, ni Trejo creaban el mínimo peligro en la portería madridista. Para colmo, Guti era el que espera la parroquia blanca: Ordenaba, mandaba, se paraba y templaba pero todo iba a parar a la defensa isleña. Esa es la única forma de ganar en el Bernabéu. Si te comportas como una bestia te acaban pegando un tiro, pero con el disfraz de princesa el rival cree que te conquistará en secreto. El camino, por tanto, lo encontraba el Mallorca dándole el balón al Madrid y esperando en tres cuartos de campo.

Los minutos transcurrían y los roles no cambiaban. El Madrid apretaba el cuello de los baleares y estos trataban de tomar aire en cada balón extraviado a la grada. Una de las mejores primeras partes de toda la temporada madridsta, y se iban con un triste 0-0 al descanso.

El guión era el mismo en la segunda, pero el Madrid ya renqueaba en algunas fases. Hay equipos a los que, en cuestión de minutos, se les apaga la luz y se les vuelve a encender, y en el Madrid, curiosamente, coincide con las ráfagas de Guti. Pase luminoso a Salgado, que cede a un Van Nistelroy recién salido por Saviola, y el balón muere en la línea de fondo.

Una y otra vez el Madrid atacaba, pero el barco naufragaba en un mar de piernas. Semejante atolladero necesitaba de alguien que abriera las aguas de ese Mar Rojo que era el área del Mallorca, y el Moisés de Schuster era Robinho del que nadie duda ya, que tras cargar un año entero con los diez mil mandamientos de Capello, con el alemán es un ente libre que te resuelve este tipo de partidos. El brasileño, sin embargo, salía poco enchufado y apenas dio sensación de peligro en un par de ocasiones que chocaban en la muralla del Mallorca, que cada cinco minutos daba un paso atrás en el campo, y uno adelante en el partido.

A falta de 10 minutos el Madrid necesitaba un gol, por lo que el equipo se vino definitivamente arriba, tener a tiro al Mallorca ya no bastaba, era el momento de matarlo. Pero como pasa siempre en estas cosas, si tardas en cazar tu presa se te acaba escapando, como si te obcecas en marcar te descuidas en defensa. Tanto es así, que lo que era un Ministerio de Defensa bien armado, se convirtió en segundos en una República Bananera. Pase de Varela meteórico, medido al pie para Ibagaza, la providencia sentenció que quien fusilara al Madrid fueras un ex-atlético, y con un toque sutil elevó el balón por encima de Dudek y sumergió al rival en el infierno.

Al Madrid le visitó Hacienda y pagó sus deudas de tantos y tantos partidos ganando así, tal como perdió. Jugó bien, dominó, mandó de principio a fin, tuvo mil oportunidades, y acabó perdiendo. Por una vez la suerte y la pegada no estuvieron de su lado, y perdieron un partido que guardaban en el bolsillo desde el minuto uno. Por una vez, decía, pero el día no era el acertado. En Copa, que pierdes y te vas a casa. Por una vez, el Madrid extravió su suerte. Por una vez, Peter Pan, decidió visitar a los niños de los barrios pobres, y un polvo mágico cubrió al Mallorca de Gloria. Y volaron.

domingo, 6 de enero de 2008

COMO REGALO DE REYES

El Real Madrid sólo tuvo dos, que aprovechó para ganarle al Zaragoza.

Dos individualidades de Robinho solventaron el mal partido del Real Madrid en su casa, al colaborar en los dos goles para el triunfo blanco, asistiendo en el primero y marcando en el segundo, lo que le permite consolidar a su equipo en la primera posición de la Liga de las Estrellas.


Regresaba la Liga al Santiago Bernabéu, regresaba el Real Madrid en día de Reyes con el objetivo de recibir el mejor regalo posible: mantener la ventaja de siete puntos con el Barcelona, después que los azulgranas, ya habían hecho sus deberes.


Pero el regreso en este nuevo año no fue fácil para los merengues, por lo menos en la primera parte, donde su central el argentino Gabriel Heinze se tuvo que retirar lesionado por rotura fibrilar y el Zaragoza mereció marcar algún gol en sendas oportunidades por medio de Diego Milito y Ricardo de Oliveira. Incluso, el árbitro anuló un gol al equipo maño por fuera de juego.


En la segunda parte, el partido no cambió de lo que fue la tónica del primero, el Zaragoza dominó el primer cuarto de hora y fue el amo y señor del encuentro, pero la falta de puntería de sus delanteros y la figura de Iker Casillas que es un cerrojo inexpugnable en el arco blanco, fueron causas suficientes para que el equipo visitante no tuviera mejor suerte.


Pero cuando un equipo perdona al Real Madrid lo suele pagar. Eso ha pasado en esta temporada, y eso pasó. Van Nistelrooy se encargó de partir la rosca en este día en que los Magos vinieron de oriente y marcó el primero del Madrid en el minuto 20 de la segunda parte al rematar de cabeza un centro de Robinho, el propio brasileño cerró la cuenta del marcador a 14 minutos del final al culminar un contragolpe en jugada individual, sacándose el muñequito y finiquitando el encuentro.

Al final, con un Zaragoza ya derrotado y decepcionado, el Madrid se dedicó a tocar y dejar que el tiempo siguiera su curso, para así desenvolverles a sus aficionados el regalo del triunfo, un regalo que los deja en solitario en la cima de la Liga Española.

Suerte de campeón

Casillas cuatro semanas imbatido en liga.. El Zaragoza asustó en varias ocasiones. Mal juego madridista. Robinho marca la diferencia.

Cruzar los dedos, buscar un trébol de cuatro hojas, derramar la sal por encima del hombro derecho, que tu rival pase por debajo de una escalera. Pisar el regalo de un perro despistado, llevar una pata de conejo de llavero, tocarle la espalda a un jorobado, o que la defensa contraria vea pasar un gato negro. Nada de eso vale contra el Madrid. Está en racha. Es un equipo tocado por un ángel nacido en Móstoles de nombre profano: Iker. De nada sirve correr, pensaría el Zaragoza. “Con Casillas hay que estar especialmente afinado”, rezaba Oliveira antes del partido. El Madrid es un equipo con tendencias, descendente en su juego, pero exponencial, meteórica en sus resultados: Tres tiros a puerta. Dos goles. Un Zaragoza entonado, el mejor de toda la temporada, fue a escoger el peor de los escenarios y el más cruel de los viajes de vuelta: Jugar mejor, dominar, y acabar perdiendo.

Los equipos cumplían sus roles a la salida. Un Madrid con los galones de líder, a siete puntos del Barcelona y las Navidades más blancas que se recuerdan en años. Un Madrid que mordía a la salida, que jugaba al toque, alegre, desenfadado, que se debía una fiesta con los suyos por el heróico triunfo en Barcelona y que, por eso, probablemente, repetía centro del campo, que es lo mismo que decir, que Guti repetía asiento en el banquillo. Con el jolgorio inicial, y las buenas sensaciones, poco importaba un césped rebelde. Antipático y arisco con el balón, que lo repelía y lo hizaba al aire en cada pase a ras de suelo. En definitiva, frío con el fútbol, fruto de las heladas invernales. El Zaragoza con una actitud pasiva, a verlas ir y venir, pero poco duraría esa posición sumisa ante el juego merengue.

El problema de hacer las fiestas a horas tempranas es que se acaba bebiendo demasiado, de tal forma que, uno acaba borracho de sí mismo y haciendo el ridículo. El Madrid pecó de soberbia, el Zaragoza se le subió encima a los diez minutos y le creaba varias ocasiones, de esas suicidas que sólo el Madrid puede permitirse. Y digo sólo, porque Casillas hay uno en el mundo y, parece, tiene un imperio vitalicio en su portería y un consorcio con la suerte (cien palos cumplió ayer). El Madrid sufría y, para colmo, Heinze se lesionaba por andar cotizando lesiones pasadas, que acabaron rompiendo al argentino para un mes.

El partido era de todo salvo opulento. En gran medida tedioso. Las ocasiones se asomaban sonrojando las mejillas, y solo del lado de los maños, porque el Madrid estaba ausente salvo Casillas, cosa que no es nueva. Pero he aquí donde interviene el tercer factor decisivo, después del portero y la providencia. La diferencia entre uno y otro: el tonelaje de su plantilla, y ahí el Madrid es claramente un Súper-pesado. Si un día no aparece Baptista, lo hace Van Nistelroy, y si no lo hace Sneijder, lo hace Guti (aparecido y ovacionado tras su salida por el holandés). Pero esta vez, y ya son varias este año, era el día de Robinho. En estos partidos donde se echa de menos el descaro, el brasileño es el hombre ideal para arrojar a un pajar y arrancarle la falda al partido. De su lujuria futbolística nacía el gol de Van Nistelroy, tras centro desde la derecha, fruto de una jugada individual del brasileño. Primer gol en liga del año, y cambio de partido.

El Madrid se iba impune tras setenta y cinco minutos de delito balompedístico, y al Zaragoza le tocaba cumplír una condena de la que era sobradamene inocente. Tuvo que renegar, por tanto, de la defensa en ocasiones, y del centro del campo en otras, de ahí que Guti comenzara a barajar las cartas y abrir juego a discreción. Un Madrid, por fin, más alegre. Aunque aún sufría algo en sus carnes Casillas, acometía las contras con la velocidad de la que adoleció el encuentro. De ahí nació el segundo gol. Contrataque fugaz y gol de Robinho, que se coronaba así como el hombre del encuentro, o niño quizá, porque es afición lo que tiene el brasileño a chuparse el dedo. Dos veces meció la cuna en sus manos en dedicatoria a su hijo que está por venir... Y el partido se fué ahí.

Dos palos, hasta cinco paradas salvadoras de Iker, el mejor partido de la temporada de los maños, mal partido del Madrid y, ni aún así, se escapa un punto del coliseo blanco. Suerte, providencia divina, estado de ánimo, o quizá un pacto con el mismo demonio, pero el equipo de Schuster tiene algo que hace cada vez más dificil ganarle. Y ya va una semana más. La semana próxima el Levante. ¿Qué será esta vez?

domingo, 30 de diciembre de 2007

Semmy Schilt campeón del Mundo de K1

Lo ha vuelto a hacer. Por tercer año consecutivo, Semmy Schilt ha vuelto a proclamarse campeón del Mundo en K1. Este holandés de más de dos metros de altura, se está convirtiendo en un rival de mucho calado en esta modalidad, cada vez con mayor éxito, y que deja por debajo torneos como Pride o la UFC. Ésta última, por cierto, algo venida a menos por la fuga de talentos al propio Pride (como Wanderlei Silva) y tan denostada gracias a la existencia histórica en el octógono de personajes tan indeseables, como Tank Abbott.

Ya en las semifinales quedaba patente lo que, a día de hoy, es una evidencia: Que la escuela holandesa está muy por encima del resto de paises aficionados a este deporte. Hasta tres de los cuatro aspirantes eran de los Países Bajos. Tan solo el francés, Le Banner, (como no podía ser de otro modo) podía aguar la fiesta a los del país de los tulipanes.

La primera semifinal nos dejaba el que, posiblemente, habría sido el combate más espectacular de esta fase final. Por un lado el bicampeón Semmy Schilt, un angelito de 2,12 cms y que esconde, bajo una apariencia tosca y demoledora, una técnica poco usual en un hombre de su talla. Un rival poco deseable para el segundo luchador, Jerome Le Banner, que asomaba su cabeza 22 centímetros más abajo que su adversario. Esta pelea con reminiscencias bíblicas, con un David entrado en años, y el más que probable hermano mayor de Golliath, se convirtió en un auténtico calvario para el holandés que sufría, una y otra vez, las acometidas de Le Banner. Usaba las mazas que posee a ambos lados del cuerpo como dos puñales, y las lanzaba, una a una con insistencia, en cada respiración. Hasta tal punto el gigante se vio apurado, que en más de un momento tuvo que usar la clásica patada frontal para mantener alejado al gallo galo, y tratar de hacer valer su envergadura disparando desde lejos. La providencia, o la mala suerte, hizo que el combate durara menos de lo deseado, y Le Banner tuvo que retirarse en el segundo asalto, tras lesionarse en su pierna derecha (algo que no le impidió seguir luchando) e izar desde su esquina la toalla al viento en un acto de piadosa sensatez.

La segunda batida fue mucho más extensa pero menos emotiva. El veteranísimo, y varias veces campeón del mundo, Peter Aerts, se veía las caras con el hombre de las rodillas voladoras, Remy Bonjasky. Era una batalla casi antagónica. El primero, un fajador incansable con una bola de demolición en mano. El segundo, un estilista en el manejo de ambas piernas, que lanza como dardos envenenados. Es la lucha entre un bárbaro con un hacha y un asesino a sueldo que actúa en la sombra. El combate existió en la desigualdad de principio a fin. Aerts lanzaba acometidas repetidamente ante su paisano, que esperaba su oportunidad y más de una vez cargaba sus piernas haciendo gala de su habilidad, y dejándonos alguna patada tras giro de bella factura. Pero, como rezan las leyes lógicas de la física, no se puede derrumbar la muralla china lanzando cucharillas de café, y Bonjasky, ni estaba certero, ni mucho menos contundente, de tal modo que todo moría en la defensa de Aerts. Tras los tres asaltos pertinentes, el veterano holandés se hacía con la victoria por unanimidad arbitral.

La final acabó teniendo el más esperado de los principios. Un Semmy descansado, con sólo tres minutos de lucha a sus espaldas (que es lo que duró Le Banner sin lesionarse). Por otro lado, un Peter Aerts que, si bien fue muy superior en su anterior combate, arrastraba seis minutos más que su rival, con una dosis de diez años más a sus espaldas, y algún que otro golpe certero de Bonjasky. Semmy no tuvo más que alejarle de la línea de pegada, y lanzar repetidamente el directo de inquierdas que fue el que acabó tumbando al más veterano de los finalistas. Tres picotazos. Con el suficiente veneno para hacer escupir el protector a su compatriota y proclamarse campeón, de nuevo.

Semmy Schilt ha concluido el año en un estado de forma excepcional. Ya no sólo por su tercer título en K1, sino por la facilidad con el que lo obtuvo (si bien es cierto que que la pelea con Le Banner, tuvo un final que invitaba a la duda). Para el año que viene, a buen seguro, tratará de revalidar su título, y ahí estará Le Banner para tratar de impedirlo y arrebatarle una hegemonía que, quizás, esté durando demasiado.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Cambio de ciclos

El Madrid sorprende de serio. Baptista se gana el puesto. Desde Barcelona se exige a la savia nueva. Ronaldinho se cae de maduro. Será cosa de los ciclos.

El partido nacía rebelde. Se esperaba un Barcelona que disparase a dos manos, con inquina, con ansia. Fruto del orgullo herido del que quiso ser rey y acabó siendo bufón en Junio. Se esperaba un Madrid asustado, tratándose de calzar un estadio que, históricamente, parece que se le hace grande. Pero el destino es caprichoso y el fútbol incierto, y veíamos a un madrid bien plantado, con el fútbol justo para acercarse al área contraria y la sobriedad exacta para evitar las embestidas del Barcelona. Un Barça triste, con un Ronaldinho presente al final, pero incompleto. Quedó la sombra, pero se esfumó su figura. Y así, entre unos y otros, el juego iba muriendo pero crecía el espectáculo. La lucha estaba en el centro, con Baptista y Touré que imponían la ley de la fuerza, y Robinho e Iniesta saltándose esa norma que se les antoja tan injusta .

El balón caía de lado a lado, en tierra de todos y de nadie. Semejante despropósito no podía tener un fin más inverosímil: Un remate de Pepe a la salida de un córner que casi termina en un gol de corte cómico. Sucesos así son los que explican los cambios de partido. El Madrid se hacía así con el mando del juego. Sin Guti, su director de orquesta, que cumple condena en el banquillo por mala conducta, los blancos se encomendaban a la inspiración de Sneijder o de la Bestia, algún derroche creativo de Van Nistelroy, y el descaro de Robinho, pero sobraba banalidad y faltaba es algo divino que en el Madrid solo posee el rubio. A falta de ese “algo”, los de Schuster perdían los minutos, y el Barça encontraba la inspiración a la media hora. Pero como suele suceder cuando juegas contra el Madrid, tienen que ocurrir dos cosas: Que estés francamente inspirado,y que a Casillas le coja una tarde tonta. Con lo primero, si eres el Barcelona, termina llegando. Lo segundo es cuestión de creer. Pero por grande que sea tu fe, y soberbia tu jugada, siempre habrá alguien mas fuerte que tú, que te saque el balón en dos ocasiones y te haga perder los papeles.

El fútbol se alimenta a base de antojos, y al partido del siglo se le antojaba que fuera Baptista quien lo coronase. El destino dictó sentencia y Baptista acató la orden. Hizo una pared mágica con Van Nistelroy, mágica, porque el balón parecía que volaba, y a bote pronto delante de Valdés, la Bestia dejaba su sello en la red azulgrana. 0-1 que no sorprendía a nadie, pero dejaba el murmullo en la grada culé. Con el gol y algún que otro envite, acababa la primera parte del quincuagésimo partido del siglo.

La segunda venía torcida para Ronaldinho, que seria el gran castigado de la noche. Falto de ritmo, con la desidia que le invadía por momentos, y una fijación en empezar y acabar jugada. Con todo esto (sumado a un Barcelona que se intuía ya a siete puntos de su liga), la parroquia empezaba a impacientarse, y lo pagaba el brasileño con un preludio de pitos en La Menor,y sostenidos hasta el final del encuentro, donde acabarían explotando.

El papel antagonista ya estaba asignado. Al Madrid, por tanto, solo le tocaba demostrar que es distinto, que ha extraditado al infinito su papel de protagonista vitalicio en cada obra, y ahora trabaja mejor en la sombra. Hasta cuatro veces pudo ver portería, pero el Madrid, de bueno que es, parece tonto, y casi deja escapar tres puntos y 24 años de historia negra en el Camp Nou en Liga.

Ronaldinho permaneció ajeno a los cambios de Rijkaard. No será por cobardía del holandés, que a día de hoy sabe que quitar a Ronaldinho es ganarse el aplauso fácil, pero él va más allá, y dejándolo en el campo lo echaba a los leones y salvaba su cabeza. Desvía así las miradas y esquiva las culpas. Salían Bojan y Giovanni, y el partido tenía otros aires, más frescos, con olor a nuevos tiempos, deben ser los dichosos ciclos. Dos arrebatos. Uno de Etto´o, voluntarioso, como es él, pero falto de partidos. Otro de Bojan, también a su estilo, nada más entrar y desde fuera del área. A cabezazos ha entrado este chico en “can Barça”. Un final que no se esperaba el madridismo, por una vez en la vida, pero que en ese campo, no podía ser de otro modo: Con la lengua fuera y pidiendo la hora (Que llegó un minuto antes, por mandato arbitral).

El Clásico nos deja un giro en las tornas. Por estas fechas el año pasado teníamos a un Madrid muerto, loco y sin rumbo fijo. Un Barcelona que hacía las cuentas del campeón y rellenaba las invitaciones. Todo eso ha cambiado. Serán los ciclos.